lunes, 16 de enero de 2012

Vigilantes de seguridad de los juzgados robaban piezas confiscadas

Les pagaban para velar por la seguridad en los juzgados de Alicante, pero se aprovecharon su trabajo con un 'modus operandi' casi perfecto: un golpe desde dentro. La Policía Nacional ha puesto fin a las andanzas de tres vigilantes jurados que supuestamente sustrajeron una gran cantidad de joyas de oro confiscadas que se guardaban en un juzgado de instrucción. Además, los agentes han arrestado a la mujer de uno de los vigilantes que presuntamente se dedicó a vender el botín en diversas casas de empeño.
No es la primera vez que lo hacían. Los arrestados, de entre 35 y 57 años, podrían llevar al menos dos años saqueando los juzgados. Primero a pequeña escala, con objetos de menor valor, como teléfonos móviles u ordenadores portátiles intervenidos, hasta que se confiaron y decidieron ir a por un botín más sustancioso.
Las joyas sustraídas, en su mayor parte de oro, estaban guardadas en el juzgado de instrucción número 2 de Alicante. Formaban parte de una causa contra un clan familiar por tráfico de drogas que estaba a punto de enviarse a la Audiencia Provincial de Alicante para enjuiciarse. De hecho, según fuentes judiciales, normalmente las joyas y otras piezas de convicción de elevado valor se guardan en el banco y no en el juzgado.
Según ha podido saber LAS PROVINCIAS, el hurto se produjo durante el pasado puente de Todos los Santos, cuando los juzgados quedan prácticamente desiertos, con la excepción de las guardias. Las joyas estaban guardadas bajo llave en una sala anexa a los despachos del juez y la secretaria. Cuando el juzgado reanudó la actividad, se dieron cuenta de que el oro se había volatilizado.
Los delincuentes se apoderaron de un lote compuesto por más de 60 piezas de joyería incautadas en una operación de 2005 en la que se desmanteló un clan familiar de narcotraficantes. Un suculento botín en el que abundaba el oro: relojes, pendientes, cordones y colgantes, entre otros efectos.
Fue entonces cuando la Policía se puso manos a la obra y centró sus sospechas en los trabajadores de la empresa de seguridad. Así descubrieron que eran estos tres empleados los que habían orquestado el robo.
Averiguaron que la mujer de uno de ellos era la encargada de vender las joyas en casas de empeño y compraventa de oro. Esta colaboradora había utilizado su verdadero nombre en estas transacciones, lo que ha permitido a los investigadores dirigir las investigaciones hacia los sospechosos y recuperar algunos objetos sustraídos.
Los agentes comprobaron que en algunos de estos establecimientos figuraban ventas de joyas a nombre de uno de los sospechosos. Sin embargo, esas alhajas ya se habían fundido y de momento no se ha podido acreditar su procedencia. una cámara de fotos.
Tras recabar varias pruebas, el juzgado autorizó escuchas telefónicas y la Policía tendió una especie de trampa a los sospechosos, dejando un 'cebo' para sorprenderlos 'in fraganti'. La táctica funcionó y consiguieron detenerlos.

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